Elegir únicamente 15 obras de entre la vasta, diversa y maravillosa literatura latinoamericana, no es una labor sencilla, sin embargo, me he inclinado por el camino fácil y, evadiendo la tentación de incluir u omitir a alguien únicamente por gusto o disgusto personal, he decidido apegarme a los títulos más conocidos de los autores más renombrados.
Las siguientes son las 15 obras imprescindibles, aquellas que, o ya deberíamos haber leído al menos una vez en la vida, o al menos deberían introducirnos a la literatura creada desde Tijuana hasta la Patagonia, en toda la América que habla, vive y sueña en español.
15. La invención de Morel, Adolfo Bioy Casares, 1940.
«La invención de Morel» narra una extraña historia de amor protagonizada por un hombre y una mujer que viven existencias incompatibles en espacios y tiempos rivales. En ella, el talento de Adolfo Bioy Casares despliega una odisea de prodigios que, si en un primer momento no parecen admitir otra clave que la alucinación o el símbolo, son luego descifrados plenamente mediante un solo postulado fantástico, pero no sobrenatural. A propósito de esta obra Jorge Luis Borges escribió en su día: «He discutido con su autor los pormenores de su trama, la he releído; no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta».

14. El túnel, Ernesto Sabato, 1948.
En una trama de amor y muerte que aborda la soledad del individuo contemporáneo, el pintor Juan Pablo Castel se debate por comprender las causas que lo arrastraron a matar a la mujer que amaba, María Iribarne, y que era su única vía de salvación.
En este alucinante drama de la vida interior, seres intrincados en la bestial búsqueda de sentido ceden a la mentira, la hipocresía y los celos desmedidos. Aventura amorosa, aventura onírica, aventura del ser que brinda testimonio de un asesinato, de cierta memoria culpable y de una valiente introspección.
Para quien todavía no la leyó, El túnel es la mejor introducción al universo prodigioso de Ernesto Sabato; para quien la conoce, un clásico de las letras del continente, una historia sobre el drama del hombre arrojado en el sinsentido más doloroso: la conciencia de la nada.

13. El señor presidente, Miguel Ángel Asturias, 1946.
En «El Señor Presidente» se produce una denuncia de la dictadura de Hispanoamérica, a través del caso especial guatemalteco. La importancia de esta novela es enorme como modelo directo o indirecto para los autores de narraciones que tratan también el tema de la dictadura: Carpentier, García Márquez o Roa Bastos. Encarna además el patrón de la «nueva novela» y el «realismo mágico».

12. Detectives salvajes, Roberto Bolaños, 1998.
Arturo Belano y Ulises Lima, los detectives salvajes, salen a buscar las huellas de Cesárea Tinajero, la misteriosa escritora desaparecida en México en los años inmediatamente posteriores a la Revolución, y esa búsqueda el viaje y sus consecuencias se prolonga durante veinte años, desde 1976 hasta 1996, el tiempo canónico de cualquier errancia, bifurcándose a través de múltiples personajes y continentes, en una novela en donde hay de todo: amores y muertes, asesinatos y fugas turísticas, manicomios y universidades, desapariciones y apariciones. Sus escenarios son México, Nicaragua, Estados Unidos, Francia, España, Austria, Israel, África, siempre al compás de los detectives salvajes poetas «desperados», traficantes ocasionales, Arturo Belano y Ulises Lima, los enigmáticos protagonistas de este libro que puede leerse como un refinadísimo thriller wellesiano, atravesado por un humor iconoclasta y feroz. Entre los personajes destaca un fotógrafo español en el último escalón de la desesperación, un neonazi borderline, un torero mexicano jubilado que vive en el desierto, una estudiante francesa lectora de Sade, una prostituta adolescente en permanente huida, una prócer uruguaya en el 68 latinoamericano, un abogado gallego herido por la poesía, un editor mexicano perseguido por unos pistoleros a sueldo?

11. La tregua, Mario Benedetti, 1960.
Una novela sobre la soledad y la incomunicación, el amor y la sexualidad, la muerte y los problemas políticos. Martín Santomé, viudo con tres hijos, en las vísperas de su jubilación comienza a registrar en un diario su vida gris y sin relieve. La vida cotidiana de la rutina en la oficina y la de un hogar desunido y crispadose verán alteradas cuando irrumpe en su rutina la joven Laura Avellaneda, su nueva empleada. Y este hombre, casi sin proponérselo, decide abrir en su vida un paréntesis luminoso. La tregua se ha traducido a decenas de idiomas y ha sido adaptada al cine, la televisión, el teatro y la radio, pero que sobre todo ha gozado de la excepcional acogida de los lectores de todo el mundo.

10. El laberinto de la soledad, Octavio Paz, 1950.
El laberinto de la soledad contiene nueve ensayos que constituyen una profunda reflexión de su autor sobre la naturaleza y constitución del mexicano actual, concebido por Paz como el producto de un largo proceso de mestizaje, que le otorgan condiciones psicológicas, morales, culturales e históricas particulares. Así, analizando el sujeto en micro, Paz trata de abordar el macro del pueblo mexicano, como sujeto histórico colectivo, con el único objetivo de poder concebir una identidad nacional.

9. El reino de este mundo, Alejo Carpentier, 1949.
El reino de este mundo es un alucinante relato en la aventurosa corte real haitiana de Henri Christophe. Un mundo de pasiones que se desenvuelven en medio de la feroz caricatura de la corte bonapartista, construida con los elementos casi salvajes de una isla antillana en la que la tiranía ha cambiado brutalmente de nombre y en la que los ecos del tamtam repercuten en el latón de los uniformes y en las borlas de las bordadas mitras de fingidos obispos.

8. Canto general, Pablo Neruda, 1950.
Himno telúrico a los elementos naturales del continente americano, ascensión hacia la redención del propio ser desde el deshumanizador mundo masificado hasta la comunión con un pasado que es un paisaje a la vez humano, arqueológico y orográfico, Canto general es quizá, por encima de todo, un poema a la vez épico y moral. Se trata de un texto en la gran tradición de la poesía a un tiempo civil, histórica y metafísica de los poetas románticos, a la que ha sido incorporada la herencia expresiva de las vanguardias de nuestro siglo, y la capacidad desmitificadora y satírica del cronista crítico del presente.
Esta monumental biografía de un continente —desde los días precolombinos hasta la llegada de los conquistadores, la explosión descolonizadora y la actualidad de la época de su redacción— es también la biografía de un hombre, el propio Neruda, errante y clandestino al redactarla, y un canto a sus compatriotas anónimos, a la fraternidad con los oprimidos y humildes y a la vastedad silenciosa y solemne del gran océano inmemorial que lo circunda todo.

7. La muerte de Artemio Cruz, Carlos Fuentes, 1962.
En su lecho de muerte, durante su último medio día, el anciano y enfermo Artemio Cruz recuerda: no siempre fue ese triste saco de huesos y fermentos corporales; alguna vez fue joven, osado, vigoroso. Y tuvo ideales, sueños, fe. Para defender todo eso, incluso combatió en una revolución. Más la rapiña, la codicia y la corrupción extinguieron su fuego y aniquilaron su esperanza. Tal vez por ello perdió a la única mujer que de verdad lo amó. Las revoluciones las hacen los hombres de carne y hueso y no los santos, y todas acaban por crear una nueva casta privilegiada…
La propuesta de Carlos Fuentes es una visión panorámica de la historia del México contemporáneo tal como la rememora un industrial y político agonizante. Una reflexión sobre el México surgido de la Revolución Mexicana, pero también de cuestiones tan universales y permanentes como la soledad, el poder o el desamor.

6. La casa de los espíritus, Isabel Allende, 1982.
El despótico patriarca Esteban Trueba ha construido con mano de hierro un imperio privado que empieza a tambalearse con el paso del tiempo y un entorno social explosivo. Finalmente, la decadencia personal del patriarca arrastrará a los Trueba a una dolorosa desintegración. Atrapados en unas dramáticas relaciones familiares, los personajes de esta poderosa novela encarnan las tensiones sociales y espirituales de una época que abarca gran parte del siglo XX.

5. La fiesta del Chivo, Mario Vargas Llosa, 2000.
En La Fiesta del Chivo (2000) asistimos a un doble retorno. Mientras Urania visita a su padre en Santo Domingo, volvemos a 1961, cuando la capital dominicana aún se llamaba Ciudad Trujillo. Allí un hombre que no suda tiraniza a tres millones de personas sin saber que se gesta una maquiavélica transición a la democracia.
Con un ritmo y una precisión difícilmente superables, este peruano universal muestra que la política puede consistir en abrirse camino entre cadáveres, y que un ser inocente puede convertirse en un regalo truculento.

4. Rayuela, Julio Cortázar, 1963.
«Contranovela», «crónica de una locura», «el agujero negro de un enorme embudo», «un feroz sacudón por las solapas», «un grito de alerta», «una especie de bomba atómica», «una llamada al desorden necesario», «una gigantesca humorada», «un balbuceo».
Con estas y otras expresiones se aludió a Rayuela tras su aparición en 1963. Sin duda, la publicación de la novela conmocionó el panorama cultural de su tiempo y supuso una verdadera revolución en la narrativa en lengua castellana: por primera vez un escritor llevaba hasta las últimas consecuencias la voluntad de transgredir el orden tradicional de una historia y el lenguaje para contarla.
Plena de ambición literaria y vital, renovadora de las herramientas narrativas, destructora de lo establecido y buscadora de la raíz de la poesía, es quizás el libro donde Cortázar está entero, con toda su complejidad ética y estética, con su imaginación y su humor. Y, transcurridas más de 5 décadas desde su primera publicación, Rayuela sigue siendo leída con curiosidad, asombro, interés y devoción.

3. Pedro Páramo, Juan Rulfo, 1955
Pedro Páramo es una de las obras maestras de la literatura hispanoamericana. La novela cuenta cómo el protagonista, Juan Preciado, va en busca de su padre, Pedro Páramo, hasta el pueblo mexicano de Comala, un lugar vacío, misterioso, sin vida. Allí, el joven descubrirá que toda la gente del pueblo se llama Páramo, que muchos de ellos son sus propios hermanos, y que Pedro Páramo está muerto. Estamos, pues, ante una novela misteriosa y fantástica cuya atmósfera envuelve al lector y los transporta a un territorio mágico de sorprendentes ramificaciones.

2. Ficciones, Jorge Luis Borges, 1944.
Ficciones es posiblemente la obra más reconocida de Jorge Luis Borges y un hito en la historia de la literatura. Aquí se encuentran lo policiaco («La muerte y la brújula») y lo fantástico («La lotería en Babilonia»), lo irreal («Las ruinas circulares») y lo imaginario («Tlön, Uqbar, Orbis Tertius»), el que Borges consideró acaso su mejor cuento («El Sur») y uno de los comienzos más cautivadores de un relato jamás escrito («Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche»).Cada uno de los dieciséis cuentos reunidos en este libro es, en sí, pieza fundacional y celebración del universo borgeano.
Para algunos críticos como Ricardo Piglia, la influencia de Borges es superior a la del Premio Nobel García Márquez, quien, por otra parte, confesó siempre su rendida admiración. Ficciones cambió el modo de escribir y de leer de las generaciones futuras.

1. Cien años de soledad, Gabriel García Márquez, 1967.
«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y caña brava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.»
Con estas palabras empieza la novela ya legendaria en los anales de la literatura universal, una de las aventuras literarias más fascinantes de nuestro siglo. Millones de ejemplares de Cien años de soledad leídos en todas las lenguas y el Premio Nobel de Literatura coronando una obra que se había abierto paso «boca a boca» -como gusta decir al escritor- son la más palpable demostración de que la aventura fabulosa de la familia Buendía-Iguarán, con sus milagros, fantasías, obsesiones, tragedias, incestos, adulterios, rebeldías, descubrimientos y condenas, representaba al mismo tiempo el mito y la historia, la tragedia y el amor del mundo entero.
