RAZAS CAÍDAS

Además de los hijos de Aben en el mundo de Taleratz coexisten varias razas caídas.

ESPÍRITUS LADRONES DE CUERPOS: conocidos también como espíritus del bosque o simplemente espectros, carecen de un cuerpo propio por lo que se nutren del espíritu de criaturas del bosque, viajeros y peregrinos. Poseen los cuerpos causando gran dolor y tormento a las víctimas, habitando en tales cuerpos hasta que estos se vuelven inservibles.

ENIZ: Similares a humanos en tamaño y proporciones, pero mucho más delgados y velludos. Su piel es gris y húmeda, llena de úlceras, sus ojos muy grandes y sus bocas muy pequeñas, tienen orejas alargadas como de lobos y grandes colmillos, dos agujeros en el rostro en vez de nariz, brazos muy largos y en sus frágiles manos garras como de oso.

Fueron la primera raza en rebelarse, la primera en ser juzgada y la primera en buscar venganza, por todo esto es claro que estuvieron en el mundo mucho antes que los hombres.

Antes de los juicios del viento había varios millones de eniz en las ruinas del país de Guérodar y los territorios cercanos al golfo de Majaba. Se distinguen entre macho y hembra y se reproducen gracias a la ayuda de magos, en hechizos que los hombres aprendieron de los espíritus mayores.

FABUTZ: Son mucho más altos y robustos que los hombres, con la piel pálida y viscosa, casi transparente, dentaduras de felinos y ojos amarillentos, sin pupilas.

Son más fuertes y menos numerosos que los eniz, aunque también fueron expulsados de un mundo superior. Son los principales responsables de la destrucción del país de Guérodar y el genocidio de este pueblo.

No suelen alejarse mucho de las montañas negras, son carnívoros y apenas pueden hablar, siempre que tienen la oportunidad violan a las mujeres, procurando preñarlas, pues es la única forma en la que se pueden reproducir ya que no hay hembras entre ellos. Los engendros suelen devorar a su madre humana, y al igual que los eniz llegan a su forma adulta en muy pocas semanas.

QASIKS: son más fuertes que los eniz pero más débiles que los fabutz. Su piel es verdosa y escamosa, sin pelos, se distinguen de otras razas por su lengua y ojos de serpiente.

Los qasiks viajan en grandes grupos, a semejanza de los eniz, aunque estos poseen la capacidad de crear fuego con sus manos y su forma de luchar es similar a la de los hombres que conocen el fuego o la magia que imita el fuego. Su principal habilidad es que pueden transformarse en serpiente y pasar desapercibidos en los senderos oscuros, se alimentan de insectos y roedores y solo pueden reproducirse a través de la magia.

GIGANTES: tienen la altura de seis hombres y el peso de diez, son pálidos y la mayoría muy velludos, aunque hay excepciones a esto.

Machos solitarios, violentos, poco inteligentes, sentenciados a vagar sin llegar a ninguna parte. Son los descendientes de los primeros adoradores de las luces antiguas, un culto que nació en la tierra de Loyz, un descendiente de la casa de Guérodar. Construyeron una mítica ciudad en las ruinas de una ciudad de hombres, y aunque tuvieron una época de esplendor y una segunda oportunidad en el mundo conocido, restauraron el culto a las luces antiguas y volvieron ser juzgados por ello.

La leyenda cuenta que existe un cementerio de gigantes en las tierras del norte, donde una fallida alianza con el reino de Arol les condujo a una guerra contra un enemigo mucho más poderoso, el cual redujo el número de gigantes a unos pocos.

No mueren sino al ser asesinados y no se reproducen, sin embargo, toda mujer embarazada que deambule por las tierras malditas de Loyz o los pasos de las montañas negras que rodean la zona queda expuesta a la posibilidad de dar a luz prematuramente a cuatro niños que un día crecerán hasta convertirse en gigantes.

ULKAZ: pálidos como los fabutz, velludos como los eniz. Mudos, primitivos y violentos, con los ojos blancos sin pupilas, hipersensibles a la luz del valle, con rasgos deformes que varían en cada individuo. Destacan sus cuerpos tatuados con mensajes en la lengua de los caídos.

Difieren de las otras razas caídas en que un día estos fueron hombres comunes, juzgados por el mismo Aben, quien desde el valle sagrado pronunció palabras en su contra.

ARNOZ: conocidos como cazadores de almas, son en realidad espíritus ladrones de cuerpos de alto rango, capaces de construir sus propios cuerpos a partir de varios animales. Todos son diferentes entre sí y lo único que los distingue es un poder muy superior al de espectros ordinarios.

IRFAS: cuerpos de mujer y cola de pez, habitan en las aguas del sur y resplandecen en la oscuridad cuando así lo desean. Atacan embarcaciones e impiden el paso a mares más oscuros que los hijos de los hombres no se han atrevido a explorar jamás.

Son hijas de las legendarias mujeres con ojos de serpiente, habitan permanentemente en el mar, condenadas a no regresar a las costas del sur que un día poblaron.

"Culto es aquel que sabe dónde encontrar lo que no sabe". Woody Allen.